¿Por
qué?
¿Por
qué no puedo ser honesto con un trozo de hoja?
¿Por
qué tengo que mentirles a mis lectores descaradamente, cuando debería
informarles de mi situación?
¿Cuál
es mi situación? ¿Cuáles son mis sentimientos?
Bestias
indomables que se quedan ocultas en la caja fuerte de mi fidelidad.
Así
es. Debo ser fiel a quienes amo antes de ser fiel a mí mismo; porque me
aborrezco. No puedo pasar un día sólo conmigo mismo. Nadie puede ser tan cruel
para dejarme conmigo mismo. No me tolero. No me comprendo. Yo me mato. Yo me
mata. El me mato. El me mata. El soy yo.
Él
es todo. Él es increíble. Él me libera las cadenas. Él me hace sacar una
lágrima. Él no me deja pensar. Él me hace sentir. No quiero sentir. Quiero
pensar lo pensable. Quiero sentir lo sentible. No quiero pretender ser yo. No
quiero, si hay que ser honesto.
Porque
al abrir mi caja fuerte se encuentran venenos. Gases lacrimógenos. Se
encuentran espantos que dejan paralizado a todo aquel que se atreva a abrirla.
No.
No quiero eso. Olviden eso. Quiero que amen mi veneno. Quiero que amen mis
púas. Quiero que amen mis agujas. Quiero que me amen como soy. -¿Que me ame
cualquiera?- No. Cualquiera no. O bueno. Cualquiera sí. Pero es tan difícil
aceptar lo que se tiene al alcance de la mano. Pero es más difícil vivir sin
ser amado. Es más difícil no poder amar como quiero amar. Es más difícil ver
que los demás pueden y yo tengo que amar con mis púas. Nunca podría herir a una
mujer con ellas. No me lo perdonaría nunca. Tiene que ser un hombre que las
resista. Tiene que ser alguien fuerte y a la vez sensible; como lo soy yo; como
lo es él. Como las púas en gelatina.
Como una lágrima en la barba. Como lo ridículo en lo imitable. Como soy
yo en mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario