No.
Sabe callar,
no porque mueras por gritar en silencio.
Ese silencio es corolario,
pero me deja estupefacto.
Para que la neurastenia
que adormece mi iracundo ser
me deje saber
qué es el amor,
he de estar cansado
de dirigir tanto loor
en este mortero
que me desgarra como hierba.
No.
Para entender tu género de amor y arrebatos,
he de dibujar diagrámas, más que retratos.
Que el agua campestre que falta en los cañaduzales
no sea la causa de esta epifánica partida.
Mira. Soy yo el que decide estar entre animales.
Si has de cultivar yuca en vez de frutilla,
mira que intercambio senos por tetillas,
Ya sabes. Mi extraño pensamiento
no cambia por máquina ni experimento.
Que todo nilpotente silencio
que me regrese a nuestro inicio,
sea interrumpido por un grito de Dios.
Mira. En catapulta te envío,
que ya no contengo ni un cálido adiós.
No.
Te mando a las chagras solitarias.
Sin ti, celebramos los dos.
Si no me aceptaste, nunca me amaste.
No.
No puedes conocer la fuente de mi amor.
Lo que queda después del golpe: relatos literarios sin continuidad. El cielo se ha roto. El índigo se ha esparcido bajo nuestras suelas.
Hojas perennes
- Linda manera de escribir sobre piedras.
Con la espalda machacada
y un sólo ojo enceguecido.
Con los brazos subyugados
al árbol más compartido
Angustia, obsesión, miedos abandonados.
Todo ya aglomerado en un presente torcido.
Pan, retratos vivos y los cuidados adecuados
ya hace muchos años que no han aparecido.
- Sin haber conocido nunca
la maldita circunstancia,
de la humedad y las cadenas,
de la luz del sol entre el croar
y del pensamiento entumecido por la espera,
cierro los ojos,
en el sillón, la calle o la escalera
y me sé perdido,
cautivo del calor y del concreto.
Sólo en un desierto verde.
Entre gritos de ranas y agua
que, impetuosa, corre.
Con la espalda machacada
y un sólo ojo enceguecido.
Con los brazos subyugados
al árbol más compartido
Angustia, obsesión, miedos abandonados.
Todo ya aglomerado en un presente torcido.
Pan, retratos vivos y los cuidados adecuados
ya hace muchos años que no han aparecido.
- Sin haber conocido nunca
la maldita circunstancia,
de la humedad y las cadenas,
de la luz del sol entre el croar
y del pensamiento entumecido por la espera,
cierro los ojos,
en el sillón, la calle o la escalera
y me sé perdido,
cautivo del calor y del concreto.
Sólo en un desierto verde.
Entre gritos de ranas y agua
que, impetuosa, corre.
Tiempo al tiempo
¿Cómo el frío y la razón hacen latir al corazón?
¿Cómo el calor lo duerme?
¿Cómo saber la hora cuando Sol y Luna se acompañan?
¿Cómo el calor lo duerme?
¿Cómo saber la hora cuando Sol y Luna se acompañan?
Noche creciente
Ojos grises, alguna vez azules, ahora verdes.
Ese verde ya es de envidia, y no vitalidad.
Y tú azul, que a la tristeza te sumas dejando rastros de profundidad,
¿Qué has hecho con el fino gris que acentuaba mi feliz y rutinaria vida?
Ojos grises que miran al cielo
contemplando una respuesta eterna.
Ojos verdes que miran con recelo
esa noche rebuscando
entre brillos amarillos, estrellas fugaces.
Nunca he visto estrella fulminante iluminando pupilas.
Ni las ajenas, ni las propias.
Ojos grises que fueron puros,
luego de haber sido humedecidos
por el agua tibia de la noche.
Esa noche que provee leche y galletas.
Esa noche que provee a la piel
una textura suave para ser iluminada
por la luz meliflua y armoniosa de la infancia.
Esos ojos grises.
Llenos de pestañas.
Dignos de admirar para ser admirados.
Ese iris que ha perdido su nativo color.
Que ha hecho que este científico no sea científico,
que a este músico no lo consideren músico,
que este poeta no pueda llamarse poeta.
Que este sujeto medite, reflexione,
sienta y piense
aunque sus pestañas choquen a menudo
con sus lentes que ven el mundo
y caigan una por una
cuando él ya contempla la Luna.
Ese verde ya es de envidia, y no vitalidad.
Y tú azul, que a la tristeza te sumas dejando rastros de profundidad,
¿Qué has hecho con el fino gris que acentuaba mi feliz y rutinaria vida?
Ojos grises que miran al cielo
contemplando una respuesta eterna.
Ojos verdes que miran con recelo
esa noche rebuscando
entre brillos amarillos, estrellas fugaces.
Nunca he visto estrella fulminante iluminando pupilas.
Ni las ajenas, ni las propias.
Ojos grises que fueron puros,
luego de haber sido humedecidos
por el agua tibia de la noche.
Esa noche que provee leche y galletas.
Esa noche que provee a la piel
una textura suave para ser iluminada
por la luz meliflua y armoniosa de la infancia.
Esos ojos grises.
Llenos de pestañas.
Dignos de admirar para ser admirados.
Ese iris que ha perdido su nativo color.
Que ha hecho que este científico no sea científico,
que a este músico no lo consideren músico,
que este poeta no pueda llamarse poeta.
Que este sujeto medite, reflexione,
sienta y piense
aunque sus pestañas choquen a menudo
con sus lentes que ven el mundo
y caigan una por una
cuando él ya contempla la Luna.
Juguemos golosa con el viento
Juguemos golosa con el viento.
Que me perdone si no tiene tiempo.
Que el tiempo venga a consolarlo.
Que me dé pies. Que traiga piedras.
Que mi piedra no caiga en el sepulcro.
Que la fosa quede descubierta.
Que se conserven los huesos
y la tierra no te vista.
Juguemos golosa con el viento.
Que se transforme en borrasca
e impulse mi piedra
como el último copo de nieve.
Que de la tierra nazcan rayos.
Que de tormentas truenen troncos.
Que de las nubes lluevan hojas
y de las ramas nazccan gotas.
Juguemos golosa con el viento.
Que si es su turno, no te pise.
Que yo no llegue al fin de esta golosa,
y si lo hago,
juguemos golosa con rosas;
con rosas sobre tu tumba.
Que me perdone si no tiene tiempo.
Que el tiempo venga a consolarlo.
Que me dé pies. Que traiga piedras.
Que mi piedra no caiga en el sepulcro.
Que la fosa quede descubierta.
Que se conserven los huesos
y la tierra no te vista.
Juguemos golosa con el viento.
Que se transforme en borrasca
e impulse mi piedra
como el último copo de nieve.
Que de la tierra nazcan rayos.
Que de tormentas truenen troncos.
Que de las nubes lluevan hojas
y de las ramas nazccan gotas.
Juguemos golosa con el viento.
Que si es su turno, no te pise.
Que yo no llegue al fin de esta golosa,
y si lo hago,
juguemos golosa con rosas;
con rosas sobre tu tumba.
Homenaje a Alejandra Pizarnik
Esta tenebrosa manera de sentir.
Esta extraña manera de morir
te invade, Nicolás y te envenena.
Ayer, antier y todos sus días anteriores,
te mirabas feliz en los charcos.
Reías, cantabas con tu amigo tan amigo.
Mirabas altivo a los problemas
¿Cómo no has de atarte los zapatos?
¿Cómo no has de caminar sobre el veneno?
Veneno.
Veneno en todas partes.
Señor, los huesos se han vuelto carne.
Y hay veneno en todas partes.
Señor, los huesos se han vuelto carne.
Y hay veneno.
Veneno.
Mucho veneno
Esta extraña manera de morir
te invade, Nicolás y te envenena.
Ayer, antier y todos sus días anteriores,
te mirabas feliz en los charcos.
Reías, cantabas con tu amigo tan amigo.
Mirabas altivo a los problemas
¿Cómo no has de atarte los zapatos?
¿Cómo no has de caminar sobre el veneno?
Veneno.
Veneno en todas partes.
Señor, los huesos se han vuelto carne.
Y hay veneno en todas partes.
Señor, los huesos se han vuelto carne.
Y hay veneno.
Veneno.
Mucho veneno
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