Noche creciente

Ojos grises, alguna vez azules, ahora verdes.

Ese verde ya es de envidia, y no vitalidad.
Y tú azul, que a la tristeza te sumas dejando rastros de profundidad,
¿Qué has hecho con el fino gris que acentuaba mi feliz y rutinaria vida?

Ojos grises que miran al cielo
contemplando una respuesta eterna.

Ojos verdes que miran con recelo
esa noche rebuscando
entre brillos amarillos, estrellas fugaces.

Nunca he visto estrella fulminante iluminando pupilas.
Ni las ajenas, ni las propias.

Ojos grises que fueron puros,
luego de haber sido humedecidos
por el agua tibia de la noche.

Esa noche que provee leche y galletas.
Esa noche que provee a la piel
una textura suave para ser iluminada
por la luz meliflua y armoniosa de la infancia.

Esos ojos grises.
Llenos de pestañas.
Dignos de admirar para ser admirados.
Ese iris que ha perdido su nativo color.
Que ha hecho que este científico no sea científico,
que a este músico no lo consideren músico,
que este poeta no pueda llamarse poeta.

Que este sujeto medite, reflexione,
sienta y piense
aunque sus pestañas choquen a menudo
con sus lentes que ven el mundo
y caigan una por una
cuando él ya contempla la Luna.

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