No.
Sabe callar,
no porque mueras por gritar en silencio.
Ese silencio es corolario,
pero me deja estupefacto.
Para que la neurastenia
que adormece mi iracundo ser
me deje saber
qué es el amor,
he de estar cansado
de dirigir tanto loor
en este mortero
que me desgarra como hierba.
No.
Para entender tu género de amor y arrebatos,
he de dibujar diagrámas, más que retratos.
Que el agua campestre que falta en los cañaduzales
no sea la causa de esta epifánica partida.
Mira. Soy yo el que decide estar entre animales.
Si has de cultivar yuca en vez de frutilla,
mira que intercambio senos por tetillas,
Ya sabes. Mi extraño pensamiento
no cambia por máquina ni experimento.
Que todo nilpotente silencio
que me regrese a nuestro inicio,
sea interrumpido por un grito de Dios.
Mira. En catapulta te envío,
que ya no contengo ni un cálido adiós.
No.
Te mando a las chagras solitarias.
Sin ti, celebramos los dos.
Si no me aceptaste, nunca me amaste.
No.
No puedes conocer la fuente de mi amor.
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